Casi siempre pensamos que para escribir, pintar o hacer cualquier cosa libremente necesitamos un lienzo en blanco sin límites. Pero hoy os quiero contar una historia al revés. La historia de un puñado de mentes brillantes (y un poco desquiciadas) que decidieron que la única forma de rozar el genio era meterse voluntariamente en un laberinto sin salida.
En el episodio de hoy viajamos desde los callejones del siglo XVII hasta la Francia más vanguardista para descubrir cómo una simple ausencia, un vacío absoluto, puede dar pie a buenas historias. Os confieso que yo mismo intenté replicar su locura en mi mesa de trabajo... y el resultado fue un desastre absoluto (y bastante cómico).
Si queréis descubrir qué pasa cuando borras las reglas del juego para inventar unas nuevas, y cómo un comando de personas logró una de las mayores hazañas de nuestra lengua. Os prometo que no volveréis a mirar un folio en blanco de la misma manera.
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