Lo que me hizo entender mi fontanero
El arte de desatascar (y otras tareas del espíritu)
A veces, lo que desbloquea una tubería también desbloquea un pensamiento.
Solo hay que saber mirar.
Llevo varios días con este texto durmiendo en mi Drive y quizá debería haberlo dejado allí, pero al final estamos aquí para compartir experiencias, y esta es una de ellas.
Hace unos días se me atascó la pica del fregadero de la cocina. Llamé al fontanero y aparecieron dos.
La razón: traían un artefacto tan antiguo que parecía rescatado de un trastero olvidado, o de un museo industrial donde todavía creen en el ruido del metal y en la fuerza del brazo humano. Incluso bromeé diciendo que con aquello su abuelo debía de haber desatascado muchas picas. Uno de ellos se rió y me dijo que podía estar seguro.
El artilugio era un cubo con un mecanismo en el centro para inyectar agua a presión en la cañería, accionado por un palo largo que había que presionar con mucha fuerza. Ningún sensor, ninguna pantalla, ninguna app.
Llenaron el cubo de agua. Uno lo sujetaba con firmeza; el otro empezó a empujar la palanca para que el agua saliera a presión. Bufaba en cada intento. Tenía un ritmo constante y, tras cuatro o cinco empujones, se le veía realmente cansado, pero continuó. Sabía que estaba cerca de conseguir su objetivo.
Mientras observaba todo aquel proceso, pensé en lo sencillo que era, en lo simple, y en cómo la tecnología nos deslumbra cuando aún existen herramientas capaces de cumplir su misión sin pedir actualizaciones ni conexión wifi.
Cuando se marcharon, después de dejar la pica desatascada, fue cuando me vino la idea de escribir estas líneas. Pensé en los libros y en cómo enlazar lo que acababa de vivir con ellos.
Muchas veces buscamos el último método para pensar mejor, para ser más productivos, para encontrar claridad. Apps, cursos, vídeos de 60 segundos. Y, sin embargo, la herramienta que más veces desatasca mis ideas sigue siendo leer en paz, en silencio, concentrado, disfrutando de la lectura.
La literatura tiene un cable invisible que entra en rincones donde muchas tecnologías no pueden llegar. Lo hace desde los libros y también desde la escritura. Lo más básico: palabras que no necesitan enchufe.
El fregadero volvió a tragar agua.
Y yo me quedé con una certeza sencilla:
no todo lo que es antiguo es obsoleto.
A veces, muchas veces, es justo lo contrario.
Quizá los atascos no están para desesperarnos, sino para recordarnos que siempre hay una forma de seguir fluyendo. A veces basta un libro, una palabra, un gesto antiguo.
Lo esencial, igual que el agua, siempre encuentra por dónde pasar.
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Qué cierto eso de que ‘las palabras no necesitan enchufe’, y aunque también es cierto que hay que saber cuándo callar, somos muy tacaños con las palabras que ofrecemos a los demás y a veces desatascan averías tremendas y las tenemos siempre a nuestro alcance, pensando que otras cosas (materiales) serán la solución. Buen domingo!