El thriller que me obligó a dejar la luz encendida
Una lectura intensa que demuestra cómo funciona la intriga cuando está bien construida
Casi quinientas páginas en digital y no se me ha hecho larga en absoluto. Termino Ella de Fernando Gamboa, publicada el pasado 2 de noviembre, con esa sensación agradable de querer seguir leyendo más sobre la agente de los Mossos d’Esquadra, aunque me toque esperar a la próxima entrega. Este es el tercer libro de la serie dedicada a Nuria Badal, pero puede leerse de forma completamente independiente, así que si aún no habéis leído ninguno, estáis de enhorabuena.
Para los que os gustan las etiquetas, estamos ante un thriller policial con toques paranormales.
Alto, no os vayáis todavía.
Sé que eso de toques paranormales suena mal para muchos de vosotros, pues me suena mal incluso para mí. Por eso, entré con mucha cautela en la lectura. No tardé en darme cuenta que esos toques eran eso, como un poco de pimienta que se le puede poner a un plato para que tenga algo más de fuerza. Fernando Gamboa trabaja bien esa frontera difusa entre lo racional y lo que intuimos sin querer admitirlo, y lo hace sin desentonar con el thriller clásico. Además, encaja con naturalidad con el enigmático título.
El arranque es contundente, y diría que sorprendente. Nos vemos inmersos en la Cadaqués de 1877 con una historia que no esperamos, pero que es el inicio de todo lo que vendrá.
Después de eso, ya estamos en el presente con la agente de los Mossos d’Esquadra Nuria Badal que regresa a la Costa Brava para investigar una muerte un tanto extraña, pero que intentan cerrar con rapidez. Sin embargo, a medida que avanza la investigación, comienzan a encajar piezas que no deberían encajar, señales difíciles de ignorar y silencios que esconden más de lo que revelan. El viento del norte sopla con fuerza, la costa muestra su rostro más áspero y Nuria se enfrenta no solo a un caso complejo sino también a un entorno que remueve antiguos recuerdos.
Uno de los puntos que más he disfrutado es el escenario. Roses, Cadaqués, el Pení, y ese guiño a mi querido Begur con su cala Aiguafreda. Qué voy a decir, el autor le saca todo el jugo posible al paisaje y convierte la Costa Brava en un personaje más. El viento del norte, la tramontana, aparece como una presencia insistente, casi espiritual, algo que a mí me limpia todos los males y que en la novela adquiere un significado mucho más oscuro. La forma en que Fernando Gamboa describe la aspereza de las rocas, el aislamiento y esa mezcla de belleza y hostilidad me resulta muy reconocible para quien tiene vínculo con esta tierra.
Dejadme hacer un inciso sobre la base militar del Pení, que fue construida por un convenio entre España y Estados Unidos para la vigilancia aérea en tiempo de la Guerra Fría. Estuvo operativa en manos de los americanos de 1959 a 1964 y luego pasó a manos del ejército español. Esos pocos años llenaron de historias a la población de Roses donde muchas jóvenes se casaron con militares de la base y luego se fueron con ellos a Estados Unidos.
En cuanto a la protagonista, Nuria Badal sigue siendo uno de los grandes aciertos. No es la típica heroína infalible. Es fuerte, sí, pero arrastra cicatrices, cansancio, insomnio y dudas. Ese desgaste emocional contribuye a que resulte creíble y a que conectemos con ella sin esfuerzo. Incluso cuando la vemos tomar decisiones a contrarreloj o enfrentarse a situaciones límite, mantiene esa mezcla de vulnerabilidad y obstinación que ya es su sello.
La parte policial tiene un ritmo tranquilo pero constante, nunca se hace pesada. Y lo mejor llega con el final, donde los elementos más racionales y los más inquietantes se combinan en un giro difícil de anticipar. Me parece un desenlace valiente, bien sostenido a lo largo de la trama y que encaja con todo lo anterior, incluido ese toque paranormal trabajado con tanta mesura.
Dejadme hacer una suposición. Sospecho que el propio Fernando Gamboa aparece brevemente en la historia. En un momento dado, Nuria se cruza con un piloto (Fernando lo es) que le resulta familiar, y luego ambos siguen su camino con esa intriga que queda flotando. Me da la sensación de que el autor tenía ganas de cruzarse de nuevo con su protagonista, y me parece un gesto bonito.
Ella es un thriller que combina una buena investigación, una protagonista muy sólida y un escenario que lo envuelve todo con fuerza. No necesita artificios para mantener la tensión y se atreve a adentrarse en zonas más oscuras sin perder claridad narrativa. Si ya conocéis a Nuria Badal, aquí la encontraréis más terca y más sensible que nunca. Si aún no habéis empezado la serie, yo diría que esta es una buena puerta de entrada.
Animaros a leerla. Creo que pasaréis un muy buen rato.
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