El pueblo que no existía en los mapas
📘Eva Alton, su última novela
Vi la portada, el título, el nombre de la autora… y supe que tenía que leer ese libro. No, no es del género que suelo elegir, pero me encontró en un momento en el que necesitaba aire fresco, salir de mi zona de confort y dejarme llevar por una historia diferente.
«Solo quienes realmente lo necesitan pueden encontrar Cala Azahara».
Quizás esa frase, tomada del libro, fue una especie de premonición. Yo realmente necesitaba encontrar una Cala Azahara donde volver a disfrutar de la lectura, después de algunos desengaños y de varios libros abandonados a mitad (ya sabéis que no me gusta hablar de los libros que dejo, porque sigo creyendo que, cuando eso ocurre, la culpa es mía y no del autor o autora).
Descubrí a Eva Alton hace tiempo con Notas ocultas, una novela que me hizo viajar, sentir y volar. Por desgracia, o por fortuna para sus lectores habituales, la autora suele moverse en el terreno de las brujas y la magia, un territorio que a mí me cuesta. Así que me conformo con leer sus excepciones, como aquella primera novela o esta última: El pueblo que no existía en los mapas.
Una mujer que huye de su pasado.
Una carretera olvidada.
La magia de un pueblo que no aparece en ningún mapa: Cala Azahara.
Una acogida cálida, una casa frente al mar, la promesa de descanso.
Y, por supuesto, un misterio que se va desplegando poco a poco: unas cartas de 1938 que revelan los orígenes del lugar.
Podría ser una sinopsis hecha de retazos, un pequeño patchwork de escenas. Pero espero que baste para invitaros a leerla, porque merece la pena perderse entre sus páginas, pasear por sus calles, respirar su brisa y, quién sabe, tal vez saborear una paella… si la lluvia no lo estropea todo.
«Si te quedas aquí, no tendrás que sufrir las cosas malas del mundo... pero tampoco podrás disfrutar de las buenas».
El pueblo que no existía en los mapas es, ante todo, una invitación a detenernos un momento a pensar en el mundo que nos rodea, en lo que hacemos, en nuestro día a día. Pero también es una llamada a la desconexión, a ese instante en el que dejamos de sufrir por un momento para simplemente estar.
Es una historia de redención, de superación, de segundas oportunidades. Una historia sobre cómo volver a mirar la vida a los ojos y reconocer el camino, aunque el mapa parezca haberse borrado.
«Aunque estés perdido, siempre se puede encontrar el camino, con la ayuda adecuada».
Ah, y no os he hablado del realismo mágico. O tal vez sí, cuando mencionaba ese instante en que la protagonista encuentra el pueblo. No soy amante del género, me cansa cuando se abusa de él, pero aquí tuve claro lo que debía hacer: dejarme llevar.
Y así, página a página, Cala Azahara hizo lo suyo: me recordó por que me gusta tanto leer.
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